Argentina enfrenta por delante catorce meses que probablemente serán muy crueles para sus activos financieros. Y esto es independiente de la gestión que está realizando actualmente el Gobierno, que resulta muy aceptable dadas las condiciones iniciales que recibió. El problema es otro: vuelve a aparecer nuestro conocido riesgo electoral y, con él, el temor que históricamente ha tenido Wall Street respecto de lo que los argentinos podemos hacernos a nosotros mismos a través de las urnas. El precio de cualquier activo financiero no es otra cosa que una esperanza matemática que pondera escenarios posibles por sus respectivas probabilidades. Entre esos escenarios aparece uno particularmente adverso: una eventual derrota del liberalismo en 2027 y la posibilidad de una reversión profunda del actual rumbo económico. El impacto potencial de ese escenario sobre los activos argentinos sería catastrófico y, precisamente por eso, aun asignándole una probabilidad relativamente baja, su contribución ...
Bajo este modelo libertario, los argentinos comienzan a beneficiarse de una mayor libertad económica, cada vez más lejos del populismo, ese mismo que condenó a la Argentina a la pobreza. El colapso de las industrias prebendarias no constituye un síntoma de fracaso del modelo libertario, sino exactamente lo contrario: es una consecuencia lógica de su funcionamiento. Las actividades ineficientes tenderán a desaparecer y el capital se irá reasignando hacia sectores genuinamente rentables y competitivos, como la energía, la minería, la agricultura y toda aquella industria con la capacidad de operar eficientemente y sin rentas extraordinarias. El país de pagar diez veces el costo internacional se evapora rápidamente, y con él la renta diferencial de los amigos del poder de turno. El 2026 promete ser un año formidable para la economía argentina, y el Merval aún no lo tiene incorporado en precios. En este marco conviene recordar el principio básico de la prosperidad de las naciones: el Estado...