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Sin reformas estructurales el éxito de esta gestión se torna imposible

Licuación del gasto como estrategia dominante. Si el congreso aprobase todas las reducciones de gastos que ocasionaría la ley ómnibus y DNU, la presión sobre otros sectores se reduciría. Pero el congreso por el momento, prefiere no hacerlo. De esta forma, ninguna implementación ortodoxa puede ser perfecta dadas las circunstancias y mi sensación es que economía viene haciendo las cosas razonablemente bien pero sujeta a medidas de corto plazo y dependiente de un “largo plazo” ineludible en manos del congreso. El mercado de bonos por el momento, premia esta realidad y eso no es casualidad. Si el congreso hubiera aprobado los paquetes de leyes se podría ir mucho más rápido, pero la realidad es que no lo han hecho. Y entonces, toda gestión debe ser evaluada con lo que tiene y con lo que arranca y este gobierno utiliza en esta coyuntura de “limitada capacidad de maniobra” como estrategia resultante, una fuerte licuación del gasto nominal, claramente no es lo mejor, pero no hay nada más por hacer dadas las restricciones que impone el congreso.

El sector público nacional registró el primer superávit fiscal financiero, la última vez que se alcanzó fue en agosto de 2012. El Banco Central acumula casi 8.000 millones de dólares de reservas desde que este gobierno asumió la presidencia. Y en medio de esta coyuntura, la pregunta que se hacen todos es: ¿podrá el gobierno ampliar su base de apoyo político para avanzar con reformas estructurales? Sin eso, no hay nada. Una parte muy significativa de la clase política fuerza que Argentina siga en “limbo estructural” y hasta que el mismo no se desarticule, crecer será un concepto utópico y es indispensable.

Probablemente, el tiempo del crecimiento deba esperar y pagar las consecuencias de estos dos primeros años de gestión cuyo principal énfasis debiera ser la “desinflación”. Resulta casi imposible crecer y desinflacionar al mismo tiempo a menos que uno estuviese bajo un shock tecnológico tan significativo como el que viene mostrando en la actualidad la economía norteamericana. Aquí en Argentina, los tiempos son distintos, nuestro país deberá soportar restricciones mucho más tradicionales que responderán a una secuencia de problemas a resolver. Primero, la desinflación como condición necesaria pero no suficiente para crecer. Segundo, en la dimensión “crecimiento de largo plazo”, claramente el contenido de la “ley ómnibus” y DNU o sus respectivos mutantes, apuntan hacia esa dirección y retroalimentarían al mercado de acciones en caso de ser aprobados, lo cual se viene convirtiendo en un evento cada vez más lejano. Ahora en medio de todo esto aparece el “Pacto de Mayo”.

¿Inflación de enero en 20.6% y bajando? Resulta imaginable que este gobierno intente como mejor resultado de cara a las legislativas del 2025 una contundente baja en la inflación siendo probablemente lo único bueno que tendrá para mostrar en 2025 a una ciudadanía que suele ser muy cruel a la hora de castigar con su siempre voto esquizofrénico al presidente de turno, pero al mismo tiempo no es poco. Desinflacionar a la economía argentina será un gran logro de cara a las elecciones de 2025 y es totalmente posible. Si bien todavía estamos muy lejos de cantar victoria, pareciera que hay una incipiente desaceleración en la inflación. De todas formas, el mercado seguirá muy concentrado en una historia que más que historia ya se convirtió en novela y se refiere al drama del congreso/gobernadores y a toda la parafernalia que viene asociada a la negociación eterna de este paquete legal que ahora mutó a “pacto”.

Toda reforma estructural queda en limbo por el momento en manos de un congreso que sigue pensando. La reducción del gasto ocurre preferentemente por licuación a jubilaciones y salarios de empleados públicos. En la medida que el congreso no apruebe reformas de fondo, los ajustes recaen sobre sectores puntuales de la población y eso no es sostenible. Lo sostenible es bajar el gasto de manera estructural y en ausencia de dicha voluntad, el gobierno recurre al único recurso que el congreso le deja como disponible: licuación. Los bonos celebran la licuación del gasto que viene realizando el gobierno y su compromiso a no tener déficit. Los drivers del mercado de acciones sin embargo, pasan por otros conceptos. El Merval necesita “upside” y para un país tan regulado y trabado como Argentina, dicho “upside” ocurrirá solamente a partir de cambios legislativos épicos. Son estos cambios los que por el momento tiene dormido el congreso y pasan las semanas preocupantemente. Nos esperan tres meses de “pacto sí”, “pacto no”.

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