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Inflación colapsando y recuperación económica: Wall Street compra Argentina y vende Brasil

Para los que sugieren que el bull market en acciones argentinas está culminado, me permito comentar que los libertarios podrían tener un formidable éxito en las elecciones de 2025 y 2027, a la luz de los resultados macroeconómicos que se vienen observando, los cuales son formidables. El 2025, un año de elecciones, encontraría a la Argentina con una inflación plenamente controlada y en pleno rebote económico, lo cual suele ser un excelente augurio electoral. Si este fuese el caso entonces, ni por las canas de satanás que dicho escenario esté priceado en activos argentinos. En el acumulado del año, el Merval registra un retorno en dólares de +124% mientras que el Bovespa de Brasil, un -27%. Los retornos relativos en dólares de Argentina versus Brasil han sido enormes y no pareciera que la historia quiera culminar en 2024.

Todavía no somos Noruega obviamente, pero relativo a cómo estábamos hace solo un año atrás, el avance es sumamente elogiable, venimos retornando del último escalón del infierno. La política tradicional argentina se pasó un siglo entero inflacionándonos la vida y alimentando la mentalidad del croto: un país que acepta al fracaso como escenario inevitable sin considerar que el peor enemigo económico de los pobres es el impuesto inflacionario. Por el contrario, este gobierno libertario está bajando el más cruel de los impuestos a la pobreza: la inflación y en tan solo año de gestión, la aniquilaron. Es importante en esta coyuntura recordar algunos números. Primero, la inflación peronista anualizada en diciembre 2023 era de 1426%. Segundo, la inflación libertaria anualizada en noviembre 2024 corre al 33%. Tercero, la inflación peronista mensual en diciembre 2023 era 25%. Cuarto, la inflación libertaria mensual en noviembre 2024 corre al 2.40%. Estas simples y elocuentes cifras muestran el contundente éxito de esta gestión libertaria que ya lleva un año, recordando que no hay mejor política social que la estabilidad de precios. Imposible entonces, no aplaudir de pie los resultados macroeconómicos de esta administración.


Si bien existen muchas otras decisiones para celebrar de esta joven gestión libertaria, claramente la desinflación es el resultado más elocuente de 2024 a pesar de que a mucho economista local le duela aceptarlo. Un formidable resultado que genera en otras cosas, una curiosidad muy puntual desde Wall Street hacia un país que nuevamente intenta abandonar las herencias económicas de la política tradicional, causante excluyente de la pobreza generalizada que abunda en nuestro país. Y precisamente en esta realidad de pobreza gestada a lo largo de un siglo de hacerlo todo mal, aparece Vaca Muerta, una mina de oro negro que bien administrada podría desterrar totalmente la pobreza de nuestro país. La generación de valor que Vaca Muerta puede destrabar es tan enorme que dificulta dimensionarla, especialmente para una nación como la Argentina en donde la política tradicional nos acostumbró a que el fracaso debía ser el escenario aceptable.


Abandonemos entonces la mentalidad del perdedor obsecuente con la que la política tradicional nos acostumbró a vivir. Y así como existe una Pampa Húmeda, ahora también tenemos a un Vaca Muerta, aspecto que nos enriquece de manera inimaginable. Sin embargo, la política tradicional acostumbró a los argentinos a perder tanto y tanto, pero tanto, que ante el descubrimiento de una mina de oro única en nuestras vidas, Vaca Muerta, millones creen que es una mala noticia. Con un poco de suerte y mucha calidad de gestión, en los próximos años, Argentina podría estar frente a un evento nunca visto antes en esta tierra. El desarrollo del sector energético que pretende este gobierno podría hacer que las exportaciones de energía de nuestro país comiencen a ganar relevancia al punto tal de igualar al campo e incluso superarlo.


Bajo esta nueva realidad que se percibe para nuestro país, Wall Street ama a la Argentina y vende al resto de los emergentes sin piedad en especial, al Bovespa de Brasil que en el año acumula un 27% de retorno negativo. Si efectivamente podemos concretar esta realidad y para ello sería indispensable que un gobierno tradicional no esté al mando, por primera vez en nuestra historia y con esta magnitud, Argentina podría tener un combo de generación de dólares totalmente diversificado. Un tanto generado por energía y minería y el otro por nuestra tradicional fuente agrícola. En este contexto, resulta clave comprender que usualmente los shocks internacionales que afectan al petróleo suelen tener cierta des-correlación con los que impactan al espectro de commodities agrícolas. Este “detalle” presente en la relación “agro/energía” nos daría una diversificación natural y por lo tanto, un hedge (seguro) casi automático. Por lo tanto, el rol del componente energético en las exportaciones de los próximos años no sólo es relevante por su “magnitud” sino además por la capacidad de “diversificación” que propiciaría para nuestros ingresos en dólares. Este detalle enormemente relevante, disminuiría nuestra histórica dependencia a la suerte de los commodities alimenticios.


¿Argentina esta cara en dólares? Sí, y en la medida que Vaca Muerta vaya generando dólares, se pondrá más cara aun. Esto es consistente con haber descubierto una mina de oro negro. Los países que tienen semejante suerte, se encarecen en dólares. No es difícil de comprender, ni tampoco dramático. En esta coyuntura, observamos un dólar MEP rondando los impensados “1.000” como augurio probable de lo que sería la cotización del billete ante una liberación del cepo que ya se olfatea como “inminente”, lo que permitiría a la Argentina convivir con un tipo de cambio único y cercano al mágico “1.000”. Si a esto le sumamos un sector energético que a partir del 2025 tendrá grandes contribuciones en la generación de dólares, la tendencia de apreciación del peso contra el dólar se mantendrá si es que para entonces todavía existe el peso y muy a pesar de los analistas de cabotaje local que siguen augurando una tragedia cambiaria que solo podría ocurrir en su compleja imaginación. La existencia de un sector energético que a partir del 2025 será un gran generador de dólares a largo plazo debiera también en algún momento estimular el debate de hasta qué punto no comenzaremos a tener una dolarización endógena. Todos estos aspectos, totalmente impensados un año atrás, pero en este 2024 se han hecho ciertas cosas formidablemente bien y este es el premio de haber encausado a nuestra economía hacia un sendero razonable y muy lejos de los múltiples delirios entre los que tuvo que sobrevivir nuestra economía K. Gran mérito de la gestión libertaria y gran cierre de un épico primer año de gestión. Bien hecho.

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