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Mutación libertaria: desde un “put gratis" hacia un “acelerador explosivo”

Percibo que muchos analistas locales están ignorando el verdadero “acelerador” que implica tener detrás al Tesoro norteamericano y a los grandes bancos de Estados Unidos. Antes de las elecciones, este respaldo se interpretaba como un “put gratis”, o sea, un seguro ante la posibilidad de un retorno del populismo. Sin embargo, con el formidable éxito libertario del 26O, ese “put” (seguro) se transformó en un acelerador de una magnitud potencialmente enorme. En este nuevo contexto, la curva hard dólar podría comprimir spreads a una velocidad sorprendente. Sin embargo, resultaría imposible que Argentina pueda rendir 7% por fundamentos pero la formidable victoria libertaria cambió rotundamente el escenario político, lo cual es una excelente noticia para los bonos soberanos. Esto se suma a una ortodoxia monetaria y fiscal que también es un excelente catalizador para la renta fija. Pero por más buenos que sean estos fundamentos, no son suficientes para que Argentina rinda 7% en el corto plazo lo cual es esencial para renovar todos los vencimientos que se nos vienen encima a un costo no explosivo.

Dicho 7% de rendimiento promedio es indispensable para que se pueda rolear la deuda a una tasa razonable. O sea, Argentina por sí sola, y a pesar de una excelente gestión macroeconómica, no llega. La herencia populista es demasiado densa como para poder revertirla en solamente dos años de gestión. Y aquí viene el concepto de “acelerador”. Que el Tesoro norteamericano esté presente probablemente lo cambie todo, y muy rápido. No resulta descabellado pensar en una reducción de riesgo país cercana a los 300 puntos básicos hacia fin de año. El mercado percibe, correctamente, que Estados Unidos está detrás, lo que genera una dinámica de confianza y financiamiento que la Argentina no experimentaba desde hace décadas. Todo sugiere un bull market violento y prolongado, sostenido por la combinación de estabilidad política, respaldo externo y expectativas de crecimiento estructural.

Lo mejor de este gobierno libertario, sin embargo, está por venir. Los segundos dos años de gestión serán los más transformadores. A pesar de que a muchos economistas o políticos resentidos les pese, este gobierno se encamina a cerrar su primer mandato, y probablemente a conseguir otro, como una de las gestiones más efectivas en la historia económica argentina desde 1810. Nuestra República está experimentando un proceso de normalización institucional y macroeconómica que parecía imposible hace apenas unos años. Argentina podría ser próspera nuevamente, libre del populismo empobrecedor.

El nuevo modelo libertario redefine los incentivos. En el esquema que plantea LLA, la mayoría de los argentinos ganaría económicamente, incluidos los populistas pobres que durante décadas fueron rehenes de un sistema ineficiente. Los únicos que perderían serían los pocos populistas ricos, beneficiarios históricos de prebendas y subsidios que quebraron al país y obligaron al campo a financiar toda la ineficiencia. La apertura económica y el nuevo alineamiento con Estados Unidos generan externalidades positivas que se expanden sobre el resto de la economía real. Abracen a la libertad: Argentina crecerá nuevamente, aunque a los pocos populistas ricos les cueste aceptarlo.

El cambio estructural ya se percibe. Tras la victoria del 26-O, el nuevo modelo libertario transformará la economía argentina. Las industrias prebendarias deberán readaptarse y florecerán las exportadoras. El campo, la energía y la minería se consolidan como los tres pilares de este nuevo modelo libertario: los sectores naturalmente competitivos que pueden generar riqueza genuina sin necesidad de protección. Toda crisis argentina tuvo casi siempre raíz cambiaria. Este gobierno, con el desarrollo energético y minero, busca resolver de forma definitiva ese estrangulamiento histórico. La energía ya es una realidad: este año podría aportar unos USD 12.000 millones, a lo que se suma la potencia del agro. No hay escasez de dólares de largo plazo; por el contrario, van a llover dólares de exportación.

Con la expansión de la energía y la minería, Argentina se dirige hacia un nuevo equilibrio de tipo de cambio real, inédito en su historia económica. Comparar esta Argentina con el pasado ya no tiene sentido: las series históricas de tipo de cambio real se vuelven irrelevantes. Si este equipo continúa gobernando, las contribuciones de energía y minería podrían duplicar las del agro. Esa magnitud es transformadora. Si dejamos que este equipo libertario trabaje en paz y a plena capacidad, los dólares no faltarán sino todo lo contrario: sobrarán. En este nuevo modelo, los sectores productivos eficientes, campo, energía y minería, avanzarán exponencialmente. En cambio, las industrias que sobrevivieron décadas bajo el amparo de subsidios y proteccionismo deberán adaptarse a un entorno sumamente competitivo, transparente y meritocrático. No se trata de atacarlas, sino de aceptar que el país cambió de reglas: esta vez, el mérito reemplaza al subsidio como motor del desarrollo.

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